Es julio de 2005, un periódico de La Pampa, publicó un artículo sobre Cromañón que provocó mi reacción y respuesta, que por suerte publicaron completa.
La nota tenía una firma apócrifa y me llamó la atención su contenido profundamente reaccionario. Era casi textual el artículo que meses antes había publicado este señor Posse en La Nación.
Copio aquí mi nota de respuesta en aquella oportunidad.
Por Rodolfo Rozengardt, papá de Julian , muerto en Cromañon - www.rozengardt.net -
Frente a un hecho de dimensiones tan horrorosas como la masacre de Cromañón han aparecido dos maneras igualmente incorrectas de valorar los hechos en lo atinente al problema de las culpas y las responsabilidades.
Están quienes buscan un chivo expiatorio. Este mecanismo alivia posibles culpas compartidas y simplifica todo análisis. Es el caso de cada uno de los imputados, que acusa a uno de los otros, de los políticos que pretenden aprovechar para cumplir sus propósitos acusando únicamente a los gobernantes de turno y muchos otros, como los medios de comunicación, que alientan a los familiares a un linchamiento que genera ventas mediáticas. Tal vez es lo más visible porque vende, pero no es mi posición ni la de la mayoría de los familiares.
La otra forma opuesta intenta diluir las responsabilidades en una suerte de caldo de culpabilidades, o “culposidades” que llevaría a que todos somos responsables por igual de esta masacre. Y si no lo somos, al menos, que vivamos con culpa, lo cual nos deja sin voluntad para pelear y sin confianza para la construcción de un futuro mejor.
SEIS MIRADAS DESDE EL ROCK SOBRE LA TRAGEDIA DE CROMAñON Y LA SENTENCIA
Dos músicos de bandas de rock, dos managers, un productor de espectáculos y un actor ofrecen su mirada crítica (y autocrítica) sobre el comportamiento de organizadores, bandas y también sobre el resultado de la investigación judicial.
Rubén “Roy” Quiroga (baterista de Ratones Paranoicos):
I De responsabilidades y responsables
Una cruel cadena de locura, corrupción y codicia asesinó a mi hijo Julián y a los otros ciento noventa y, si no se corta, lo seguirá haciendo. Es la misma cadena que le roba el pan a la mitad de nuestro pueblo. Esta afirmación, que es muy general, no exime de puntualizaciones y responsabilidades concretas.
Frente a la masacre (asesinato, homicidio, no tengo ninguna duda) como hecho concreto y pensando en la justicia, pueden determinarse niveles de responsabilidad en una trama mortal. Creo que hay criminales, cómplices y responsables (además, los inocentes pero confundidos, como la mayoría de los chicos, como yo).
Son criminales, para mí, los empresarios del boliche, los empresarios de los músicos y quienes encendieron la pirotecnia. Esos deben ser castigados como criminales, asesinos. Es trabajo de la justicia demostrarlo y castigar. En un escalón casi idéntico están todos los que deberían inspeccionar y controlar y se benefician mirando para otro lado. También es obra de la justicia.
Son cómplices las autoridades que no hacen cumplir las leyes y reglamentos, que discuten la seguridad como un problema de cómo reprimir más sofisticadamente a los pobres y no el modo de garantizar una vida digna y segura para todos. Que se corrompen engolosinados por el dinero de los poderosos. Que quieren ser como ellos. Son cómplices también los músicos del grupo que viendo el dinero en carretilla se olvidaron de su mensaje rebelde,
engolosinados por el fervor de los seguidores se confunden y pervierten lo que debe ser una felicidad cotidiana para los jóvenes y una expresión de vida y esperanza en un mundo mejor convirtiéndola en un juego peligroso que bordea la muerte, que puede salir mal, muy mal y en el que los perjudicados son siempre los mismos.
Son responsables quienes alientan cierta cultura del rock autodestructivo, los medios de comunicación que viven de las tragedias y alientan lo peor de la cultura juvenil. Entre responsables y confundidos estamos quienes no sabemos enseñar y mostrar los caminos, enseñarle a los chicos que se cuiden y mostrarle claramente el enemigo de la vida. Y pelear como sociedad por nuestros derechos.
II- La complejidad
La simplificación puede ayudar para levantar banderas y obtener satisfacciones rápidas, aunque parciales. Pero no resuelve los problemas.
La masacre de Cromañón dio como resultado la muerte de casi 200 personas, mayoría de jóvenes; las heridas a cerca de 800, una sobrevida de pánico y horror para, quizás, miles, el abandono de chicos que perdieron a quienes eran su sustento, familias quebradas para siempre por la ausencia y el dolor y, tal vez, una generación completa que estaba emergiendo a la vida cívica, ha quedado con el estigma de una República que no es la suya, la que se merecerían, sino una de empresarios avaros y ambiciosos, administradores y políticos corruptos y negociantes, todo tipo de buitres al acecho y un contexto social de desesperación y desaliento.Tal vez esa República Cromañón sea la de todos los días y esta masacre no sea más que la multiplicació n de la masacre cotidiana que la República Argentina nos tiene acostumbrados. Ni más ni menos, vivimos en la Argentina Cromañón.
Hace exactamente 44 meses un principio de incendio en el boliche República Cromañón acabó con la vida de al menos 194 personas y dejó miles de heridos y sobrevivientes. Inmediatamente el poder político preparó su defensa: Aníbal Ibarra, protegido por el gobierno nacional, se reunía con los dueños de boliches en vez de acercarse a las víctimas, mientras ponía a Juan José Álvarez en su gobierno. Luego nos ofrecería 300 mil pesos para comprar nuestro silencio. Más tarde nos acusaría de golpistas.
Todos nos dimos cuenta de que vivíamos en la Argentina República Cromañón.
Los familiares, sobrevivientes y amigos de las víctimas nos comenzamos a movilizar unidos exigiendo Memoria, Verdad y Justicia. Gracias a eso y al apoyo de gran parte de la sociedad, logramos la destitución de Ibarra y recientemente el comienzo del primer juicio oral. El 19 de agosto pasado por primera vez vimos sentarse en el banquillo de acusados a algunos de los principales responsables de la masacre de Cromañón. La Justicia debe llegar a la verdad hasta las últimas consecuencias. Pero tenemos muy claro que en este juicio que faltan más responsables, con nombre y apellido: Aníbal y Vilma Ibarra, Rafael Levy, Juan Carlos López, Yamil Chabán y Alberto y Aníbal Fernández, entre otros.
En la misma sala en la que se juzgó a las juntas militares, el juicio por la masacre de Cromañón será un modo de analizar el rol de la corrupción en el siniestro evitable más grande de la historia judicial argentina. Callejeros, Chabán pero sobre todo los funcionarios políticos y policiales –los imputados y los que vienen zafando- simbolizan una lógica política de la época, donde el mercado y el Estado privilegiaron sus negocios por sobre la vida humana. Datos y palabras para tratar de entender.
¿Qué significan las palabras “hacer justicia”?
Tal vez esa será la pregunta más perturbadora que ronde al viejo palacio de Tribunales (al que le han pintado la fachada) cada vez que el Tribunal Oral formado por María Cecilia Maiza, Marcelo Alvero y Daniel Llanos entre a la Sala de Audiencias y el secretario Julio Di Giorgio diga “de pie”, como es costumbre.
Cuando eso ocurra, durante siete u ocho meses de juicio oral y público, volverá a ser 30 de diciembre de 2004.
Aquella noche, el boliche República Cromañón fue la trampa que envenenó con humo de cianuro de las mediasombras a cientos de chicas y chicos que habían ido a un recital de fin de año. Mató a 194. El veneno sigue activo. “Aquí no se juzga un accidente sino la tragedia evitable más grande de la historia judicial argentina” describe a lavaca el abogado José Iglesias (papá de Pedro, uno de las víctimas) “y esperamos con este juicio poder mostrar su causa: la corrupción”. Silvia Bignami, (la madre de Julián Rozengardt) postula algo que es casi un editorial político de la época: “Esperamos que se juzgue una lógica. La lógica Cromañón , donde se privilegia el negocio por sobre la vida, y se cuida más la propiedad que a las personas”.
Hay 15 acusados. Tres ex funcionarios (Fabiana Fiszbin, subsecretaria de Control Comunal, Gustavo Torres, director de Fiscalización y Control y Ana Fernández, directora adjunta de Torres). Dos policías (el comisario de la 7º, Miguel Belay y el subcomisario Carlos Díaz), el empresario Omar Chabán y su ‘mano derecha’ Raúl Villarreal, y el grupo Callejeros (6 músicos, el manager y el escenógrafo).
Los delitos van desde estrago doloso seguido de muerte, hasta cohecho (más conocido como coima o soborno). La diferencia es que el cohecho es “activo” para los que pagaron la coima, y “pasivo” para quienes la recibieron. Los funcionarios, por ahora, sólo están acusados de incumplimiento de sus deberes. Se espera la declaración de 346 testigos.
Reportajes: Volnovich Juan Carlos - por www.lavaca.org
Juan Carlos Volnovich fue el primer psicoanalista convocado por el gobierno para armar un plan de atención a familiares y sobrevivientes de Cromañón. Huyó despavorido, cuenta, ante lo que percibió como un intento perverso de desmovilización a través de la “psicologización” y la “judicialización” de aquella masacre. Alerta sobre el optimismo oficialista, al que le huele “un tufillo fascistoide”, dice que la prensa está peor que en tiempos de Menem y denuncia que el país está viviendo un exterminio de la juventud por la vía de la indiferencia: ¿qué defensas han generado los jóvenes frente a eso?
La cuestión tal vez acompañe buena parte de la historia del futuro: ¿Cómo pensar Cromañón, ese horno venenoso para cientos de jóvenes, eficientemente habilitado y encendido por la corrupción política y empresaria, el Estado y el mercado?
El psicoanalista Juan Carlos Volnovich aceptó conversar con lavaca sobre tal dilema, aportando ideas para sumar a un debate sobre un hecho que simboliza mucho del presente político y social del país.
Sitios Web sobre víctimas y familiares damnificados
de la tragedia de Cromañón