Arrepentimiento y maternidad son dos figuras que no se tocan, al menos nunca en voz alta. Nadie elige a sus padres, pero tampoco a sus hijos, y sin embargo, las mujeres tienen vedado pensar -o sentir, o decir- que haber tenido hijos pudo haber sido una equivocación.
Pueden lamentar haber elegido una profesión o un marido (o incluso varios), pero hay algo de lo que, al menos en voz alta, las mujeres no pueden arrepentirse: de haber sido madres. En relación a la maternidad, el sentido común dicta que quienes se arrepienten son aquellas que no tuvieron hijos, nunca las que sí lo hicieron. Que una mujer con hijos admita abiertamente que, a la manera de Bartleby, hubiera preferido no hacerlo, contraría uno de los presupuestos más instalados en nuestra cultura: el mito del instinto materno. Una mujer que se arrepiente de ser madre se coloca en un lugar culturalmente sin retorno: sencillamente, dentro de las representaciones aceptadas, “no hay madres así”. Y si existen –porque al igual que las brujas, que las hay, las hay– es que no son “verdaderas madres”.
Lamujerdemivida despide el año con una multilectura.
UN HOMENAJE SIN OLVIDOS
Por Olga Cristobal
Probablemente no haya argentino que no pueda tararear algún verso, alguna canción de María Elena Walsh. Sin el aparato de propaganda de las disqueras ni de las grandes editoriales, sin los medios de comunicación machacando su obra, habiendo dejado de componer hace más de 30 años (1978), renuente a las entrevistas, esta mujer acompañó -y educó- de forma discreta pero perdurable a tres generaciones. La ayudó una herramienta difícil de controlar: el canto de las madres y los padres, quienes habían aprendido sus canciones de chicos. Algunos de sus personajes, como la Tortuga Manuelita, Doña Disparate o Dailan Kifki están incorporados a los libros de texto de media América Latina. Su producción comprende 22 discos, 16 libros para niños, 15 libros para adultos y una película.
¿Quién fue?
María Elena Walsh nació en Ramos Mejía el año que Uriburu daba el golpe del '30, en una familia de clase media leída y de costumbres liberales. Su padre, ferroviario y pianista de origen inglés, entrenó a su hija única en las canciones infantiles y los juegos de palabras de la lengua de Dickens -una huella que selló el estilo de su obra. La chica cursó la secundaria en la liberal Escuela de Bellas Artes y a los 17 años publicó su primer libro, "Otoño imperdonable", con el que obtuvo el segundo Premio Municipal de Poesía -y esto porque el jurado la consideró muy joven para adjudicarle el primero. Pero Borges, Neruda, Silvina Ocampo y Juan Ramón Jiménez la elogiaron como a una gran promesa. Deslumbrado, el autor de Platero la invitó a estudiar en Maryland, y hacia allí partió la joven.
Por Josefina Ludmer - Pagina12
Este texto fue leído por Ludmer en ocasión del otorgamiento del título Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires, el pasado noviembre. Es un análisis de la literatura después de los grandes (García Máquez, Rulfo, Onetti y Borges, por supuesto), pero también de otras cosas. El Nobel a Vargas Llosa, por ejemplo. Contiene, además, una cartografía de la literatura contemporánea que sirve a la vez de efusiva recomendación y el interrogante de qué viene tras la consagración del autor como objeto de mercado o los cambios en los modos de leer.
Lo que viene después
Una periodización literaria
Por un acontecimiento histórico que sacó la nación a la calle, el tema es candente.
Lo que viene después podría ser un instrumento para pensar un presente porque recorre todas las divisiones (económicas, políticas, históricas, culturales, literarias: el después está en todas partes). Lo que viene después es como un movimiento de historización del presente; un modo de periodizar y un modo de imaginar el cambio porque traza una secuencia, se pone en un devenir e implica una concepción dinámica de la reflexión. Me gusta hablar de lo que viene después porque es también hablar de la moda donde se suceden los estilos.
LITERATURA - CLAUDIA PIÑEIRO FUE PREMIADA CON EL SOR JUANA INES DE LA CRUZ EN GUADALAJARA.
La autora de Las grietas de Jara celebró ayer el premio que otorga la Feria Internacional del Libro que se realiza en México, “porque es un premio para mujeres, en lengua española y para escritoras, tres cosas que me definen y que no cambiaría”.
La pandilla aplaude y vitorea. Tal vez se pregunta, mientras golpean las palmas, cuál es el secreto de la sobria elegancia y popularidad de la escritora argentina que está por recibir el Premio Sor Juana Inés de la Cruz por Las grietas de Jara. Los aterciopelados ojos de Claudia Piñeiro recorren la sala principal de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL). La mirada tiembla, pero la voz proyecta el tono sereno de quien cumple al pie de la letra un sueño. “Hace unos días Margo Glantz dijo que se sentía Julia Roberts, y yo me siento Margo Glantz, porque ella ya fue Sor Juana”, bromea Piñeiro, en alusión a la frase expresada por la escritora mexicana cuando el sábado pasado le concedieron el Premio de Literatura de Lenguas Romances, durante la inauguración de esta Feria, y nombró a la actriz estadounidense. La ilusión de ganar este reconocimiento siempre estuvo en su horizonte. “Por años y años en que las mujeres han sido relegadas en la literatura, es un honor recibir un premio que ofrece la posibilidad de estar en un lugar de exposición tan alta”, reconoce la ganadora, que se incorpora a la galería de autoras galardonadas como Glantz, Gioconda Belli, Laura Restrepo, Tununa Mercado y Sylvia Iparraguirre, entre otras.
Hualmanos Saberes en forma conjunta con la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Trenque Lauquen , Salud Comunitaria, la Jefatura Distrital de Educación de Gestión Estatal, la Dirección de Psicología Comunitaria y Pedagogía Social, la inspección de ecuelas secundarias, la Comisión del Bicentenario de la Patria 1810-2010, el Club Barrio Alegre y la Comisión de Derechos Humanos de Trenque Lauquen en el marco del Bicentenario y 134º Aniversario de nuestra ciudad, promueven el Programa “Educación y Cine”.
El concurso se basó en la pelicula “Historias mínimas” del director Carlos Sorin.
"El andén de los recuerdos" de Dory Vergniaud
El anciano se sentó en la vieja estación de trenes, el sol entibiaba su rostro cubierto por las arrugas que los años fueron marcando más y más.
Los viejos galpones traían a su memoria aquélla época de intenso movimiento ferroviario, cuando el arribo del tren convocaba a los vecinos a curiosear quién llegaba, quién se iba o a retirar importantes bultos de mercadería que enviaban desde la Capital.
Él andén estaba vacío, solamente él sentado en aquel descolorido banco de madera recordando un pasado remoto. Reviviendo las imágenes cargadas de historia de tantos y tantos misteriosos pasajeros que abordaron los trenes y partieron con diferentes destinos, algunos para nunca regresar.
Sigo preocupado por los dos o tres temas que me interesan y me llevan a escribir: por qué la gente quiere o no a alguien; cómo hace la gente para levantarse a la mañana y no quedarse todo el día en la cama; cómo hace la gente para pasar la noche. La escritura para mí es como una forma de entender los actos mínimos de la existencia humana. Sobre las cuestiones políticas o más “filosóficas”, yo ya tengo algunas explicaciones.
Por Javier Quintá desde Córdoba - hablando del asunto
Entrevista a Sergio Gaiteri
Es uno de los escritores cordobeses con mayor renombre en la actualidad. Su primera novela, Nivel medio, a publicar a principios del año 2010, obtuvo una primera mención en el premio Clarín. Este año fue finalista del premio EMECE. Lleva publicado dos libros de cuentos (Los días del Padre, 2006, ediciones Del Boulevard, y Certificado de Convivencia, 2008, editorial Recovecos, Córdoba) los cuales van por la segunda edición.
por Redacción Mapu Noticias
Muchos buscan a Patoruzú, según su autor, Dante Quinterno, como el prototipo del indio argentino... y la antítesis del indígena, de acuerdo a la realidad. La imagen de este tehuelche “sui generis” responde, en un todo, a la concepción waltdisneana, como puede verse en un somero análisis.
En lo económico: dueño de una gran estancia en la Patagonia (media Patagonia según los argumentistas) no tiene problemas de dinero y lo derrocha a la mejor manera de un filántropo inconsciente. Es difícil imaginar a un Patoruzú ganándose la vida.
En lo social: Patoruzú esta instalado desde siempre en la ciudad. No posee una casa propiamente dicha, siempre reside en “suites” de hoteles lujosos. Responde al arquetipo del estanciero, que tiene su residencia en la ciudad y sólo acude a sus dominios cada tanto. Su único contacto con los de su raza es el que tiene con sus peones a los que trata como patrón. Se mueve en círculos de la alta sociedad.
En lo físico: es el más increíble, pues ya raya en la estirpe de los superhéroes. Efectivamente, tiene súper oído, súper olfato, súper vista, su fuerza puede mover rascacielos, parar locomotoras o partir rocas. Puede correr o nadar más rápido que nadie y sus poderes ya son innatos. Que es un héroe súper humano lo prueba el hecho de que ninguno de su familia posee sus poderes. Ni Upa ni Patora poseen su fuerza descomunal.
Las minorías están de moda
Es curioso cómo, ante la aparición de palabras como “boliviano”, “negro” o “judío”, la comunidad de biempensantes necesita organizar burocráticas teorías de estructura y superestructura para que la palabra –boliviano, negro, judío– no quede revestida de su peso original. Si en Floresta hubiera una colonia de australianos, ¿daríamos tantas vueltas para decir que el mosquito llega en sus bolsos? Probablemente no. Probablemente lo contrario. Probablemente hablaríamos del problema grave de los australianos y le exigiríamos al Estado, en una marcha organizada por las Madres del Dengue, que le dé garantías sanitarias a una población que está primera en una cadena de riesgo interminable.
Pero bueno. Lo más australiano que hay en Floresta es un tanque.
Por Josefina Licitra - lamujerdemivida
Detrás de las palabras (o por encima de ellas) hay un universo de prejuicios, lugares comunes y equívocos alimentados por la sociedad bienpensante. Cómo una chica puede entenderlo gracias a su madre y terminar de confirmarlo gracias a su hijo.
Era una mujer rubia, lacia, teñida. Estaba sentada frente a una mesa de bar y detrás del ventanal había un paisaje reseco, una postal del norte. Un despliegue de cardones y pastizales que parecía ponerle nombre al desamparo. A través del cristal apareció un niño. Una criatura reseca, una postal del norte. Los ojos le brillaban un poquito pero el resto de su cara –la piel, el pelo, los mocos– se había detenido en una rara y calamitosa eternidad.
–Ay, mirá qué divino –dijo la mujer, mientras miraba al nene tras el vidrio.
–Ajj, qué mina asquerosa –se indignó mi madre. Y yo no entendí.
Estábamos en el cine. En realidad era un autocine de Santa Teresita, pero los detalles de la locación los contaré en un número que profundice sobre el tópico “Culo del mundo”. El punto es que esa noche, en Santa Teresita, estaban dando @La Película del Rey@: un film bello y melancólico de Carlos Sorín en el que trabajaba Roxana Berco, esa mujer rubia y actriz.
Yo era una niña. Mi madre tampoco era tan grande. Pero esa noche supe que había algo que ella sabía y yo no.
–¿Por qué asquerosa, mami? Si vio al negrito y le dijo qué divino.
Y entonces mi madre me explicó que existen varias formas de discurso. Que una cosa es la palabra y otra cosa es todo lo demás. Y que todo lo demás a veces, por no decir siempre, es lo que verdaderamente habla.